Tallarico, el misterio que Jamás se podrá develar

La historia de la bailarina asesinada en La Plata, en 1994, integra una larga lista de casos impunes.

tallarico

 

Liliana Tallarico tenía 33 años cuando vivía con su hija Valeria en el 8° “D” de un edificio de la calle 29, en La Plata. Hacía mucho calor aquella madrugada del 5 de febrero de 1994 cuando los vecinos escucharon, primero, gritos, y después un portazo.

El misterio del brutal asesinato de la mujer que trabajaba en la obra social bonaerense y era bailarina folclórica ya no podrá ser develado: hace un par de años el expediente se cerró definitivamente sin culpables. Quedará, para siempre, como un femicidio impune.

Eran las cuatro de la madrugada cuando Liliana fue tomada de los pelos, desde atrás, por quien sería su asesino. La presionó contra la cama y, cuando estaba casi agachada y le apoyaba las rodillas en la espalda, le hizo tres profundos cortes en la garganta con un cuchillo de cocina.

A esa hora, Valeria estaba en su habitación. Se quedó allí varias horas hasta que, con una soga construída con trozos de sábanas atadas, se descolgó por el balcón. No alcanzó a llegar al suelo, y cayó pesadamente, lo que le provocó una fractura. La nena tenía apenas 11 años.

Valeria, al declarar por primera vez ante el juez de instrucción Guillermo Labombarda, dijo que escuchó la voz chillona de Oscar Murillo, el entonces director del Ballet Brandsen y amante de Tallarico. El folclorista fue detenido cuando llegaba al velatorio de la mujer, en Ranchos. Pero no estuvo mucho tiempo en prisión: dos testigos declararon que esa madrugada de sábado, a las 4.15, él estaba en su casa de Témperley.

Los forenses, que además detectaron que la mujer había sido violada, dijeron que la muerte de Tallarico se produjo cerca de las 4 de aquella madrugada. Y diez minutos antes, un vecino de la mujer, del piso 7°, recordó haber escuchado gritos, mientras que un segundo vecino, alrededor de esa hora, oyó un portazo primero y el ascensor después. Murillo, siguiendo ese razonamiento, jamás pudo haber llegado en quince minutos desde La Plata a Témperley. Por eso fue liberado y, finalmente, absuelto.

Siete años después del crimen que conmovió al país, se iniciaría una nueva etapa en la investigación, con un relato aún más espeluznante que el que dio inicio al misterio. Fue la propia Valeria, ya con 18 años y un hijo, quien se presentó ante el nuevo juez, Horacio Nardo, y aportó otra versión de los hechos.

Valeria, que para entonces había regresado al departamento del homicidio, dijo que después de ser madre y haber padecido una profunda depresión que la llevó a realizar una terapia psicológica, finalmente había recordado lo que, por el shock emocional, había olvidado siendo niña. Denunció, puntualmente, que su padre José Luis Jara había sido el asesino de su mamá.

El relato de Valeria fue el siguiente: Jara llegó al departamento cerca de las 23, porque había quedado en pasarla a buscar para estar juntos el fin de semana. Era demasiado tarde, puesto que había quedado en ir mucho antes, lo que provocó que Liliana lo echara y le prohibiera llevarse a su hija.

A la medianoche llegó Murillo. Liliana lo estaba esperando, para cenar juntos. Valeria se fue a su cuarto, antes de que se marchara Murillo, a las 2 de la madrugada. Según este segundo relato, en ese momento regresó Jara al departamento. “Escuché los gritos, la pelea, mi papá mató a mi mamá”, le contó la joven al juez Nardo, que de inmediato ordenó la captura del ex marido de Tallarico.

Pero hubo más. Valeria contó que la soga hecha con trozos de sábados la hizo su padre. Que fue él quien se descolgó por el balcón del octavo piso para no ser visto cuando escapaba del brutal asesinato. Además, dijo recordar que varias horas después, ella intentó hacer lo mismo, aunque se desató un nudo y cayó pesadamente al piso, lo que le provocó la fractura.

Además, Valeria denunció que todo había ocurrido porque su padre abusaba de ella. “Mi papá tenía apoyado el cuchillo sobre el cuello de mi mamá, me ordenó que me fuera a mi habitación y dijo: todo es por tu culpa, por hablar. Ella tenía una bombacha clarita y algo transparente. Me fui a mi cuarto y no cerré la puerta”, declaró.
Jara, al ser indagado, juró su inocencia. Declaró que esa noche no estuvo en La Plata, que se encontraba preparando cerámicos rojos en su casa de Ensenada. Y que, incluso, aún tenía la ropa manchada con ese color cuando se enteró del crimen y fue a buscar a su hija al edificio de la calle 29.  “Ella está loca, necesita ayuda, es un monstruo, miente todo el tiempo”, gritó el hombre cuando, esposado, era trasladado a los Tribunales de La Plata.

Tiempo después, una sala de apelaciones de La Plata desmoronó parte del relato de Valeria, al considerarlo mendaz. Fue así que Jara recuperó la libertad y, con el pasos de los años, la causa se archivó.

Finalmente, en el año 2009, un juez platense, al entender que no había más elementos para investigar, cerró  la causa y sobreseyó a José Luis Jara en forma definitiva.

Ya nunca se podrá saber la verdad. Cuál fue el móvil y quién fue el autor. El misterio jamás será develado.

 

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